Publicado en la revista "ANACONDA, cultura y arte"
“BATALLA EN EL CIELO”
Hoy por la tarde, una de sol ardiente, con vista a un cielo azul interminable y con su trazo al porvenir extrañamente firme, observé algunas películas de producción reciente. Entre ellas, llamó especialmente mi atención “Batalla en el Cielo”, largometraje del director mexicano Carlos Reygadas. No sé si fue por la relación cielo–cielo (el del título y el de la tarde) que me sentí particularmente inclinado a escribir sobre esta obra. Las horas vespertinas hoy tenían una expresión metafísica, de grandes ángulos, a veces alterados por el paso de algún transeúnte, o acrecentados en todos los sentidos por la bocina de algún carro. Otra coincidencia: este ambiente también se halla, a su modo, registrado en la película. Pero veamos la sinopsis que esta ofrece: “Marcos (Marcos Hernández), un chofer mestizo que trabaja para un General, secuestra con la ayuda de su mujer a un bebé que, desgraciadamente muere de manera accidental. Marcos demuestra ser más frágil de lo que se esperaba y empieza a derrumbarse. Confiesa lo que ha hecho a Ana (Anapola Mushkadiz), la hija de su otro jefe, una chica que se prostituye por placer. Ana y la mujer de Marcos intentan, cada una por su lado, ayudarlo, pero es inútil, ya es demasiado tarde. Marcos se hunde en el abismo y arrastra con él a Ana durante un extraño peregrinaje a la basílica de Guadalupe”.
Los ambientes con que se arma esta
sinopsis ofrecen una rara sordidez, una libertad de dos cabezas, un vacío en
continua expansión. Hay otros aspectos en la obra, como una ansiedad sexual sin
norte y sensaciones de aislamiento en mitad de la muchedumbre. Es decir, se ofrece
al público un dibujo de matices del hecho de ser, desde la base. No es habitual
encontrarse en el mundo del celuloide con una imagen de lo humano trazada con
hondura, que logre vaciar en la pantalla parte de la significación del hombre en
su desolación… Desvelemos a los lectores más inquietos cómo se resuelve, escenográficamente
hablando, esta representación y tomemos como punto de partida una escena. Marcos
va en el auto con Ana, la hija de su jefe, avanzando por calles orladas de árboles
cuyas sombras se proyectan en el camino, es decir que cobijan en un mismo sitio
a dos seres tan distantes: chofer y jefa. Así de profundo es el aislamiento de
Marcos. Requiere de un cuerpo inasible a la mano, como la sombra, para que el
cobijo con la muchacha sea posible… Cuando el auto se detiene, pasan por delante
otros, a gran velocidad, a ritmo diferente, como una expresión de esa vida distinta,
de esa cotidianidad que a Marcos no le pertenece. Vemos entonces, que los
personajes se hallan calibrados de tal manera que no pueden hacer suya la única
dimensión otorgada a lo humano: el espacio tiempo. Observemos ahora cómo se nos
muestra la soledad. Luego de dejar a Ana, Marcos llena el tanque. En la
gasolinera se escucha una música de gran belleza que nada tiene que ver con el
universo emocional de él (ha raptado un bebé que se le ha muerto). La música se
convierte para Marcos, en la tabla de salvación que se ansía en circunstancias
trágicas: lo indebido ha devenido en puente hacia la totalidad. En “Batalla en
el Cielo” el tratamiento del sexo también desborda lo convencional; por una
parte, está el que mantiene Marcos con su propia mujer, que es obesa y de músculos
caídos. Él, asimismo, es barrigón y fofo. La relación sexual entre ambos se
desarrolla en un ambiente de complicidad para con sus cuerpos: el cuarto es apartado
y feo. Existe también un acercamiento sexual entre Marcos y Ana. El cuerpo de
ella contrasta fuertemente con el de él, ya que es de rasgo fino y agradable.
La relación se desarrolla en un sitio con una ventana amplia, para que la
cámara, partiendo de la imagen de los cuerpos desnudos, salga y se una al
espacio exterior: el cielo, los árboles. A lo aceptado comúnmente como bello. La
vida se encuentra empaquetando el suceso de esta habitación, de otra manera. La
idea de lo bonito, representado en la muchacha, es el regalo que todos queremos.
La unión de la imagen con el movimiento de cámara, equivalen a la conciencia
colectiva masculina… También puede hablarse de la libertad, desde la
representación sexual. La relación entre Marcos y Ana supone una ruptura de la
línea divisoria de clases y por añadidura, una eliminación de prejuicios. La
libertad generada es doble: el que no haya un compromiso serio entre Marcos y
Ana, supone la segunda libertad. La ruptura de prejuicios, la primera. Dicho de
otra manera, tenemos nuevamente a los personajes creando atmósferas absolutas. Hay
una tercera libertad, pero sin connotación sexual. Es la que ofrece la
presencia de la naturaleza, compuesta por cielo y verdor. Ante esta, ante la expresión
de la libertad en su estado más básico y directo, puede solamente Marcos tomar
la decisión mayor: entregarse a la justicia.
Por tanto, el filme ofrece lecturas que van más allá de la apariencia escénica. La película adquiere entonces, el carácter de tridimensional, que supera la habitual bi-dimensión del cine: la imagen y el movimiento en una única relación horizontal. En algunos países se busca insistentemente desde la especulación tecnológica, crear una nueva dimensión en el séptimo arte. Mas la profundidad del cine no debe caber solamente en lo «físico».
Un comentario especial requiere la felación con que se abre y cierra esta película. Al inicio, Ana la realiza mecánicamente, denotando resignación y suelta una lágrima, mientras Marcos recibe impávido la caricia. El director dice al respecto: “tenía ganas de empezar la película con la toma de un rostro (el de Marco), el reflejo de nuestro ser interior, la representación más directa del individuo. A partir de ahí empezar a ampliar el plano y desvelar a un hombre y una mujer como si representaran a toda la humanidad.” ¿Será, me pregunto, que durante la segunda felación, al cierre de la película, Ana sonríe debido al arrepentimiento que se produjo en Marco por el secuestro del bebé? ¿Que esta felación es una representación de los relieves que adquiere la vida?
En cuanto al aspecto estrictamente figurativo del lenguaje cinematográfico, debo realizar algunos señalamientos. La actuación: Marco durante toda la obra se halla tenso y como ausente de los sucesos. Preocupado y distante a la vez. Puede que esa actitud plana se constituya en uno de los elementos que realza al filme, evitando tener contrastes con otros parajes emotivos a fin de acentuar la condena existencial de su personaje. La cámara tiene movimientos interesantes, subordinados al desarrollo de la historia, aunque desde lo estrictamente conceptual la fotografía no resulte admirable. Ello permite que el peso visual recaiga en las atmósferas: están construidas con las pulsaciones de los protagonistas, entiéndase silencios, esperas, movimientos y acciones pesados y sórdidos. Es decir, que el peso visual se construye desde el trabajo de la dirección pura y no desde la fotografía.
El rapto del bebé y que Ana, la joven rica, se prostituya por placer, resultan únicamente acciones útiles para contextualizar en el tiempo la idea de lo trágico. La caída de Marco y Ana proviene verdaderamente por efecto de la relación con el Uno-mismo, es decir, su desgaste se produce por el hecho de existir con las limitaciones con que la naturaleza los dotó y que los inmoviliza; posiblemente los personajes hubieran trastabillado hasta caer, en cualquier otra actividad emprendida.
El corolario de esta obra podría ser similar al de muchos de los seres que transitan por una noche como la de ahora y que veo desde mi ventana. Allá van, la mujer de Marcos y Ana. Camina el General, que resultó ser el padre del bebé raptado, a comprar el pan. Marcos avanza de rodillas, buscando la redención en un acto desbordado de fe. Muy cerca o muy lejos una campana enorme es girada repetidamente por tres hombres, que luchando contra la lluvia parecieran buscar un sonido que sea capaz de ayudar a Marcos a sostener su marcha.