miércoles, 17 de febrero de 2016

NUEVO PAISAJE

     Un pedacito de nube viajando lentamente entre pañales tibios. La madre sujetaba con determinación el aire para que lo dicho no perdiese ensueño. El padre, de pie, columna lluviosa, lo sostiene todo.
     Para mí, asible, pues a ratos sigo el vagabundeo de calles imaginadas o en ocasiones, sacudo los brazos: oleaje... Quizás, por eso, me salpiqué de nube y aguacero. Tuve miedo de asentar la punta de los dedos en los pañales y, no queriendo alterar su disposición, me dije: “es mejor que, mientras, a su modo, se marcha la nube con papá y mamá, yo vaya abrazado a ese paseo.”

     Y el paseo lo abre todo, cortina corriendo…


     Se bañan ahora, mis mares, mis islas, mi ajetreo.

domingo, 17 de enero de 2016

PRENDA AL VIENTO

No era muy grande. Al centro estaba el géiser. Los árboles de capulíes alejándose hacia los costados daban saltos sin que nadie lo notara. Hacia el atardecer las casas delicadamente arrimaban sus mejillas entre sí.
    
     El cementerio: trampolín al vacío.
     O, a veces, una huella en relieve alto.
     De esa forma, mostrándose para mí, aún no sé por qué razón…, tal vez a causa de que por ocasión primera había salido yo en serio de mi país.

     Las mañanas y las tardes, trepando por todas partes, una gran enredadera. Viviendo en la casa grande me gustaba salir a toda hora para contemplar el árbol de agua que, además, era un puntal.

     La noche, siempre hojarasca inmensa. Y la figura, ausente de ella, mano extendida de las estrellas.
     Herlany, ahora… Dónde estás.


     …Colgando de mi memoria como una prenda al viento.

lunes, 12 de octubre de 2015

PRISIONERO

     En el centro estaba una cartera ocupada parcialmente por un trozo de vidrio que remeda el sitio con labrados íntimos al detalle: huellas digitales, manchas pequeñas… Un perro, que por alguna razón se encuentra oculto dentro de las paredes, animado, va hacia la cartera y con el hocico se adueña del fragmento.

     Rasgaba el aire por donde se moviera.
    
     Suelta el vidrio para acariciar con la lengua los rasguños, sin embargo se tragó uno.

     Con ese añadido ya no podrá volver a la pared.

     Queda prisionero del verbo:


MOVER.

martes, 28 de julio de 2015

ENCIERRO

ENCIERRO

     Para no eludir su destino el hombre entró a comer en el mismo lugar; cuando no lo hace el relieve del sitio empequeñece. Se sienta y ordena LO HABITUAL... Entonces, aparece revoloteando UNA COSA que, en instantes, se apoya en su silla.
     Se miran, sin embargo almuerza y se va.

     Sola, LA COSA, volviendo a ser cualquier cosa.

viernes, 3 de julio de 2015

VIENTOS DE MAR

VIENTOS DE MAR

     Atroz el mar, azotando el cuerpo contra vergeles solos, hacía saltar las barcas de ayer.
    
     Aquí…, muy cerca, a la sombra de una palmera alta, las de hoy…
     Yo, el caminar, delante de todo. A veces haciéndolo de costado y, en ocasiones, simplemente sentándome en los silencios de atrás, equivalía, de algún modo, a encajar.
     Y así me salvaba…

     Yo moraba abajo donde todo perdía el nombre y el tono; pero, a ratos, iba para mirar el mar arremeter contra los vergeles solos.

     Desde los balcones…, la soledad mirando el inacabable golpeteo del mar.

domingo, 30 de noviembre de 2014

LO AZUL



LO AZUL  

     Como la acera de la esquina se introdujo en su vuelo, frenó bruscamente… Transpirando, pugnaba por continuar. Intolerable la situación de su marcha, así…, entrampada; ella, ave libre, resulta que solo fue la apariencia. Empieza el ahogo y da marcha atrás procurando el lugar del estancamiento: de modo que picotea los puntos de la línea de acera buscando liberar su trayecto… ¡Desgracia! El pico, harto, se confunde con la línea aquella.

PASAN LAS HORAS. EL LUGAR, IMPÁVIDO,
ESPERA EL VUELO DE OTRAS AVES
PARA CONTINUAR LIBERANDO EL CIELO.

jueves, 13 de noviembre de 2014

EL MAR DE LAS MIRADAS




EL MAR DE LAS MIRADAS 

     Espuma de mar salpicaba los adornos de la casa. Y era normal, al transcurrir el verano siempre subía la marea.
     Como la gente abandonó la ciudad, solo, desde la ventana, él miraba al agua ir y venir.

     Lejos de allí, los demás, con sus ilusiones. Ahora, qué gran intimidad la suya...

     Tan grande que podía mirar a los muertos.

     Y fue así que llegó hasta su madre.
     El sarcófago poco a poco había sido pintado por el vuelo de los pájaros y no se notaba espacio vacío. Las aves dieron una segunda mano a la caja, se marcharon despacio para conformar, luego, en la noche, el parpadeo de las estrellas.

     Solo en la ciudad. Las olas continúan vistiendo trajes de espuma a las cosas. Delante del océano, cree que ha llegado el tiempo de soñar, y con delicadeza apoya la mejilla sobre el largo azul.